¿Vieja o nueva escuela?

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Conforme los millennials ocupan más puestos de trabajo en nuestra industria, más suenan estos dos términos. Incluso hemos escuchado a miembros de la industria mayores de 35 años, refiriéndose a su manera de trabajar como “vieja escuela”. Pero, ¿somos tan diferentes como para clasificarnos de esta manera?

Ok, todos sabemos que los millennials crecieron con internet. De hecho, van a la par de las modificaciones tecnológicas. Y aunque muchos piensen que son adictos a sus teléfonos, en realidad son adictos a la información (a veces útil, a veces no) que pueden conseguir con un solo toque.

Esta es la generación del storytelling, de los “contenidos originales” de Netflix, de las comodidades de Spotify, Uber, Snapchat. Son personas que crecieron con blogs, emojis y mil maneras más de expresarse. Y por esto, son mucho más expresivos en cuanto a lo que quieren.

¿Esto los hace mejor que la “vieja escuela”?

Pensar que sí, sería ridículo.

Regresemos por un segundo la época Mad Men. Puede que esta era dorada haya sido más sencilla en el sentido de que todo era prensa, radio y televisón. Pero quienes hemos visto la serie, sabemos que lo complejo, es que todo se hacía a mano: los copies, las ilustraciones, todo. Un solo error (tan minúsculo como un punto o una coma demás) podía costarte la cuenta y el trabajo.

En esta época los creativos ganaban más y eran prácticamente celebridades. Y es que luego de crear conceptos tan poderosos, es imposible no tenerles respeto a personajes Leo Burnett o David Ogilvy… los padres de la vieja escuela.

¿Era mejor la vieja escuela que la nueva?

Pensar que sí, solo nos dejaría en la ignorancia.

Los tiempos han cambiado y si bien hay bases que se mantienen, los consumidores de hoy son radicalmente distintos de los de antes. Para empezar, hoy no competimos únicamente contra otras marcas, sino contra un montón de distracciones que la gente prefiere. Además, la cantidad de medios que podemos seleccionar han aumentado considerablemente.

Todo esto nos deja un panorama en el que la gestión publicitaria requiere de habilidades que antes ni existían.

¿Qué podríamos aprender de la vieja escuela?

Disciplina. Aceptémoslo, a muchos millennials les hace falta constancia y humildad. Son una generación que ha tenido muchas facilidades tecnológicas, por lo cual a veces pueden ser tercos y creer que todo debe funcionar a su manera.

¿Qué podríamos aprender de la nueva escuela?

Innovación. A muchos publicistas aún les cuesta entender que digital es el presente y el futuro. Deben estar más dispuestos a cambiar y a aceptar ideas relacionadas con realidad virtual o aumentada, por ejemplo, por el alcance y el poder de este tipo de ejecuciones.

No importa si alguien es de la vieja o nueva escuela. Lo importante es que todos amamos lo que hacemos. Es cuestión de darnos cuenta que tenemos eso en común y trabajar juntos para enriquecernos de las fortalezas de cada generación.

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