Innovación Empresarial

La innovación es un tema fundamental, porque es la manera en que las organizaciones siguen dinámicas con el paso de tiempo, aprovechan los adelantos en tecnología y se adaptan a los cambios en el mercado. Sin embargo, según numerosos estudios, la innovación en América Latina es de bajo impacto a nivel mundial. ¿Será porque nos enfocamos en metas de corto plazo y no en fomentar una cultura de innovación?

Se ha demostrado que las subsidiarias de las multinacionales que trabajan en América Latina son mucho menos innovadoras, por lo general, que las que se instalan en otros países emergentes. También se identificó que las multilatinas, que si bien tienen un potencial innovador mayor a la media de las empresas de la región, son mucho menos innovadoras que las multinacionales que se desarrollan en otros mercados emergentes.

Si bien la innovación no es solo campo de los “grandes”, para la gran variedad de empresas medianas y pequeñas, de la que se nutren las economías de nuestros países, le es casi imposible desarrollar innovaciones de impacto regional y mucho menos de impacto global.

La primera causa fundamental es la baja cantidad de personas capacitadas para desarrollar procesos innovadores y escalables, específicamente tecnológicos. La segunda causa es la baja competencia, y por ende, competitividad que poseen los bienes no transables (servicios). No hay duda que los países considerados los más innovadores del mundo posean un sector de servicios bien desarrollado, dinámico y de relevancia mundial.

El contexto latinoamericano puede condicionar la capacidad de innovación tanto de las subsidiarias de las empresas multinacionales como de las multilatinas y empresas pequeñas y medianas. Por ende, cabe preguntarse ¿cómo se puede desarrollar saltos cuantitativos y cualitativos de innovación en América Latina en este contexto? ¿Qué deben hacer los CEOs de estas empresas para potenciar resultados innovadores?

Las empresas que pueden desarrollar innovaciones de clase mundial deben poseer la capacidad de generar, potenciar y desarrollar emprendimiento innovadores asociados a ellas. Una manera de hacer esto es actuando como incubadoras corporativas con colaboración abierta potenciadas desde los Centros de Innovación.

Hay varias empresas multinacionales que están desarrollando Centros de Innovación en América Latina. Dupont (link: AQUÍ) es un líder indiscutido en Centros de Innovación. Sus centros en México y Brasil, fomentan la colaboración entre diversos sectores de la industria con socios públicos y privados. Uno de los resultados de los esfuerzos populares de Dupont en Brasil es su armadura antibalas fabricados localmente.

Otro ejemplo de ello es IBM. IBM anunció una inversión de más de $3 millones en el Centro de Innovación y Marketing Digital en el Campus Santa Fe del Tecnológico de Monterrey. Esta alianza le permita a IBM generar a través del Centro de Innovación una fuente de ideas y de talento, así como vincularse con las crecientes necesidades de los consumidores latinoamericanos.

Por su parte, BBVA ha abierto su primer centro de innovación de Latinoamérica en Bogotá. El Centro de Innovación de Colombia se une al de Madrid, con el que comparte la misión de identificar y extender las mejores prácticas dentro BBVA, así como la promoción de la innovación abierta en toda la corporación.

Hace tres años, Cargill inauguró uno de los más avanzados centros de tecnología e innovación de la industria de la alimentación en Campinas (Brasil). El complejo fue desarrollado sobre la base de los principios y mejores prácticas para desarrollar soluciones innovadoras, ingredientes y aplicaciones sostenibles en colaboración con los clientes.

Estos centros fomentan una “cultura” de innovación; de cuestionar, de tomar riesgos, de crear conexiones inesperadas entre funciones, personas y productos a lo largo de toda la organización. No hay duda que el proceso de innovación dentro de la compañía implica grandes cantidades de riesgos, incertidumbres y ambigüedades; estos factores distan mucho de las capacidades más valoradas de los ejecutivos, quienes se destacan por altos grados de productividad. Un ejecutivo busca implementar una solución conocida con la mayor eficiencia y eficacia posible. Por su parte, el proceso innovador justamente comienza sin saber cuál es la solución. La solución habitualmente aparece con el tiempo, al final del proceso. Esto dista de la eficiencia, y se aproxima más al caos.

La innovación, entonces, puede aparecer como un “buzzword” siguiendo procesos lineales o en el contexto de metas de corto plazo. Sin embargo, si consideramos la dinámica de América Latina, la innovación es una necesidad para ser más relevantes y conectar empresas con talento que de otro modo no es posible descubrir y desarrollar. Concretamente, los Centros de Innovación permiten gestionar la triada Prototipo-Piloto-Producto en un ambiente acotado, administrando así su costo y su riesgo (bajando los riesgos no sistémicos del proceso de innovación – “NSRI”), sin impactar directamente en el negocio principal de la empresa,

Steve Jobs decía que la innovación distingue un líder de un seguidor. Un Centro de Innovación es una manera en que se cultiva este espíritu innovador en la organización; buscando conexiones y pequeños cambios que puede hacer que su producto, organización y país sea un líder.

Artículo por: Esther Clark, Business and Strategy Lead, Latin America Project Director, Forbes and AE Contributor; y Diego Vallarino, Director de Bexton Research. Colaborador en Innovación Estratégica y Competitividad en empresas y gobiernos de América Latina. Autor del libro “Innovando desde el Sur” y profesor invitado en diferentes MBA en Latam.

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